Cáncer

El cáncer de mama es la primera causa de muerte entre las mujeres. Sin apenas síntomas ni dolor en sus fases iniciales, está considerada una enfermedad silenciosa y afecta a doce de cada cien mujeres, para quienes la detección precoz es vital. Localizado a tiempo, el tumor puede ser extirpado fácilmente sin necesidad de amputar la mama. En caso contrario, la técnica de reconstrucción cuenta con una aceptación cada vez mayor, aunque la ayuda psicológica siempre suele ser necesaria y los problemas a la hora de reincorporarse al mundo laboral persisten.

Origen y desarrollo

Cada órgano del cuerpo humano está formado por células: pequeñas partículas que se dividen de forma regular para reemplazar a las ya envejecidas o muertas y que permiten mantener el correcto funcionamiento del organismo. Sin embargo, el proceso no siempre resulta perfecto y puede suceder que los mecanismos que lo regulan se alteren en una célula. Entonces, ésta y sus descendientes comienzan una división incontrolada que, con el tiempo, da lugar a un tumor o nódulo maligno. Si esta situación se produce en la mama, entonces se puede hablar de cáncer de mama.

En general, se trata de una enfermedad que afecta principalmente a las mujeres, si bien el 2% de los hombres (hasta hace unos años era el 1%) pueden también desarrollarla y presentar los mismos síntomas que ellas. Localizado en las mamas, el cáncer llega a afectar a la función principal de éstas, encargadas de la producción de leche durante el periodo de lactancia. Para ello, cada mama cuenta con múltiples lóbulos y lobulillos en los que se produce la leche y que están unidos por una serie de tubos denominados ‘ductos’. Además, existen vasos sanguíneos y vasos linfáticos que terminan en pequeñas formaciones redondeadas -ganglios linfáticos- que se encuentran en la axila y que también pueden resultar afectadas, siendo necesario el vaciado axilar. Una intervención más agresiva y que dificulta a la paciente la posterior recuperación.

Según la Asociación Española Contra el Cáncer, el tumor en la mama puede crecer de tres maneras: por invasión directa de tejidos sanos, a través de la red de vasos linfáticos y a través de la red de vasos sanguíneos. A partir de aquí, pueden diagnosticarse también varios tipos de cáncer:

Ductal. Se origina en las células de las paredes de los ductos o conductos mamarios. Puede ser que sólo afecte a los ductos, con lo que su extirpación acaba con el problema, o que los atraviese y se extienda al tejido adiposo de la mama y otras partes del cuerpo.

Lobular. Su origen está en los lóbulos o glándulas mamarias. También puede estar localizado, generalmente cuando aparece antes de la menopausia, o invadir y destruir otros tejidos.

Inflamatorio. Apenas supone el 1% de los cánceres detectados, pero es el más rápido y agresivo debido al bloqueo que causan las células cancerosas en los vasos linfáticos.

La última encuesta sobre morbilidad realizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), cifra en 185.969 el número de personas afectadas: 184.737 mujeres frente a 1.232 hombres. En cuanto al grupo de edad en el que se detectan un mayor número de casos, resaltan en ambos grupos las personas de 65 a 74 años, seguidos de quienes cuentan entre 55 y 64 años.

Autoexploración

Antes de comenzar el examen, la mujer debe colocarse delante de un espejo, con los brazos caídos a lo largo del cuerpo, y comprobar con la mirada la existencia de alguna anomalía en el tamaño o aspecto. Una acción que debe repetirse con las manos en las caderas y con los brazos apoyados en el cuello. Posteriormente, con la mano izquierda sobre la nuca, se debe palpar la mama izquierda con la mano derecha realizando movimientos circulares desde la parte externa hacia el pezón, como una espiral. El proceso se repetirá con la mano izquierda sobre la mama derecha. En cuanto al pezón, se debe comprimir para comprobar si se produce alguna secreción, y continuar palpando hasta la axila, donde también se pueden localizar bultos.

Todos estos ejercicios se deben realizar también en una postura tumbada, con una almohada, por ejemplo, bajo el hombro derecho para explorar la mama derecha y bajo el hombro izquierdo para explorar la mama izquierda.

Factores de riesgo y prevención

La probabilidad de padecer la enfermedad no siempre está relacionada con una causa determinada, pero sí es cierto que existen diversos factores que predisponen a la persona a contraerla. En este caso, el riesgo de aparición de un tumor aumenta con la edad. También es mayor la probabilidad de sufrir cáncer de mama si hay antecedentes familiares directos (madre y hermanas).

Asimismo, se consideran factores de riesgo los antecedentes personales de cáncer de mama, ya que si la enfermedad se ha desarrollado en una mama es posible que afecte a la otra; la acción de los estrógenos y las hormonas que, de manera natural, propician la división de las células y la aparición de mutaciones genéticas; la menstruación precoz (antes de los doce años) o la menopausia tardía (después de los 55 años) y la ausencia de embarazo o el parto en edades avanzadas.

Ante estos datos, la Asociación Española Contra el Cáncer recomienda poner en práctica un estilo de vida saludable, con una dieta rica en fibra y consumo moderado de las grasas animales -pues el exceso de peso se relaciona con un riesgo mayor de tener la enfermedad- y la reducción o supresión de la ingesta de alcohol.

Pese a todo, la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) estima que a lo largo de este año se diagnosticarán 15.000 nuevos casos de cáncer de mama y que una de cada diez mujeres lo padecerá a lo largo de su vida. En cuanto a la tasa de mortalidad, la SEOM la sitúa en el 17%. “Por suerte, ha habido mejoras en la supervivencia. Ahora el 70% de las mujeres diagnosticadas en los primeros estadios de la enfermedad se salva gracias a los avances que se han producido en medicina y los programas de detección precoz, que permiten también el aumento de las posibilidades de curación debido al incremento en el gasto destinado a investigación y la elaboración de medicamentos cada vez más fuertes. Por el contrario, cuanto más tarde se detecta la enfermedad, disminuyen las probabilidades de curarse”, considera Gimón.

Tratamiento

Detectada la enfermedad, el tratamiento debe ponerse en marcha lo antes posible y de acuerdo al tipo de tumor. Si éste es menor de un centímetro, bastará con una pequeña intervención quirúrgica. Cuando el tamaño es mayor, además de la intervención será necesario recurrir a sesiones deradioterapia, como rayos X, para destruir o disminuir el número de células cancerosas y evitar que el cáncer se desarrolle.

Por su parte, la quimioterapia se basa en la administración de medicamentos que destruyen estas células y evitan su reproducción en otras partes del organismo. La administración puede realizarse por vía oral o intravenosa. Este tratamiento suele complementarse con terapia hormonal a través de la administración de fármacos que impiden la acción de las hormonas que estimulan el crecimiento de las células cancerosas.

“La quimioterapia es siempre un proceso muy duro, pero la recuperación resulta más fácil cuando los ganglios no están afectados”, explica la presidenta de la FECM. “Lo peor llega más tarde, con la reincorporación al mundo laboral, ya que si se han extirpado los ganglios linfáticos de las axilas, el brazo pierde fuerza y el trabajo no se desarrolla de la misma manera, se produce una merma en la fuerza y movilidad”, detalla.

En ocasiones, cada vez menos, puede ocurrir que sea necesario extirpar la mama (mastectomia) de manera parcial o total para extirpar el tumor y el tejido cercano que pueda ser susceptible de contagio o reproducción del cáncer. Posteriormente, tras la amputación, los médicos proceden a la reconstrucción de la mamaria, una intervención utilizada hasta el momento “con buenos resultados”.

“Ni el tacto ni la forma consigue ser igual que una mama natural, aunque los resultados son buenos y, además, es una operación financiada por la Seguridad Social”, apunta Antonia Gimón, quien reconoce que la ayuda psicológica es siempre muy importante. “El cáncer viene en un momento determinado de la vida y te altera todo. Y aunque hay diferentes reacciones y maneras de afrontarlo, muchas mujeres tienen que recurrir al apoyo psicológico de expertos y, sobre todo, de la familia, la pareja y amigos más cercanos. El cáncer es una enfermedad y no se puede vivir en soledad”, concluye.

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